Isidoro Valcárcel Medina: “Nunca he vivido de la venta de mis obras”

Considerado uno de los pioneros del arte conceptual en nuestro país, la obra de Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) se caracteriza por la rebeldía y la proposición de hechos sociales que trastocan el devenir cotidiano. Su arte se relaciona más con las situaciones y la realidad que con la producción de objetos. Premio Nacional de las Artes Plásticas en 2007,  su formación incluye estudios de Arquitectura y Bellas Artes en Madrid. Su trayectoria comienza con el informalismo y recorre expresiones como el arte constructivo, la intervención de grandes dimensiones en espacios urbanos, el  arte sociológico, la  intervención poética o la acción postal. El festival le ha dedicado su sección Heterodocsias con la proyección de su película La celosía (1972), el estreno del documental sobre su obra No escribiré arte con mayúscula (Luis Deltell, Miguel Álvarez-Fernández, 2014) y la conferencia 9 secuencias sobre la pantalla.

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Punto de Vista. Ha trabajado recientemente en proyectos en Chile y en el MUSAC de León. ¿Qué ha mostrado en ellos?

Isidoro Valcárcel. En Santiago de Chile hemos hecho una cosa que se llama Instantáneas de un viaje en tren, que son instantáneas dibujadas, es decir, no fotográficas. Intento usar el término fotográfico irónicamente para comprobar cómo se puede tomar una instantánea a mano. Lo de León se basa en una serie de proyectos míos que hice yo para el plan general de la ciudad y que, lógicamente, como debía ser, no se han llevado a cabo.

PdV. ¿Hasta qué punto es un proyecto real o una divagación para la reflexión?

IVM. No, no, es un proyecto presentado de verdad. En aquel momento, en el año 90, había un plan general de la ciudad. Entonces yo me atreví a hacer esto, por supuesto con la plena consciencia de que mis proyectos no podían ser admitidos, porque la carga irónica y crítica de ninguna manera entraría en una cosa seria, ¿no? Me lo pasé bien y ahora hemos hecho una especie de remenbranza de aquello y de cuál ha sido la realidad que se ha vivido en la ciudad en lugar de aquellos proyectos.

PdV. Usted ha tenido siempre una relación muy estrecha con la arquitectura, ¿cómo vive la relación entre ciudadano y urbanismo?

IVM. Evidentemente, yo creo que como en todo, el interés general del ciudadano no pinta nada, y en el urbanismo por supuesto que no. Por ejemplo, aquí en Madrid, lo que se está haciendo con inmensas superficies de la ciudad con una especie de piedras artificiales… A nivel arquitectónico y urbanístico, no existe la más mínima preocupación de las fuerzas vivas.

PdV. En este sentido, usted suele hablar de que, en cultura y política cultural, vivimos un regresión dentro de lo progresista…

IVM. Sí, está claro que nadie se atreve a confesar regresión, como dices, todo el mundo pregona el progresismo, lo que pasa es que nadie se atreve a ser progresista, y en el ámbito de la cultura hay una vuelta atrás, una añoranza por la estupidez perdida. Lo vemos en detalles como este 21 % de IVA… y no hace falta llegar a eso, es casi “pecata minuta”. No quiero decir la palabra ideología, pero hay una orientación cutre y mostrenca en todo lo cultural.

PdV. ¿Hay en esa ideología algún espacio para las ideas y el pensamiento?

IVM. Evidentemente; no olvidemos que toda pulsión creativa, como la cultura y el arte, es un gesto de carácter político. Se crean reglas que de una u otra forma limitan la libertad expresiva. Hay una facilitación de lo torpe y lo hiperactivo, y esto es una dificultad de lo novedoso, lo arriesgado y lo creativo. Solapadamente se apoya aquello que es menos comprometido.

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PdV. Y hablando de compromiso, hemos visto últimamente a creadores que se niegan a hacerse una foto con el ministro de Cultura o a recibir un Premio Nacional. Usted sí aceptó recibir un premio Nacional de Artes Plásticas. ¿Cree que esos gestos de rechazo son solo una pose?

IVM. Precisamente hace poco hablaba con el último Premio Nacional de Artes Plásticas y coincidíamos en que tampoco iba a renunciar al premio porque es algo que te conceden sin haberlo pedido. Si renuncias al galardón, sales luego dos veces en la prensa, cuando te lo dan y cuando renuncias. Con esto no quiero decir que no se deba renunciar; es tan honrosa una cosa como la otra, lo que pasa es que yo, personalmente, prefiero aceptarlo de una forma crítica. Es decir, si no me dan ese dinero a mí, se lo van a quedar ellos.

PdV. ¿Hay espacio para la creación al margen de la realidad social?

IVM. Yo siempre digo que la fuente de inspiración es el momento histórico. Porque el arte no es algo a lo que obliga el cielo ni toca con una varita mágica a alguien; el arte es una cosa absolutamente cotidiana y ordinaria. Hablo del arte donde el autor se juega el tipo y donde hace uso de una sustancia que emite un mensaje. Ese mensaje, ¿cómo no va a estar comprometido con lo que el autor tiene a su alrededor y con las circunstancias de su vida?

PdV. ¿Sigue convencido, como ha dicho en alguna ocasión, de que el usted no llega al arte si no que es el arte el que llega a usted.

IVM. Hay una cosa clara. Tienes que ir con los ojos bien abiertos para ver que aquí hay una obra de arte en potencia. La obra está ahí constantemente, hay que asimilarla y darle un propio lenguaje.

PdV. ¿Qué hay de cierto en mantras asociados a usted como que no ha vendido nunca una obra?

IVM. Pues que es un titular periodístico. Es absolutamente mentira. Simplemente pienso a quién le voy a vender una obra y cómo. Pienso en qué destino va a tener una obra. Si va a ir a los almacenes de un museo me quedo con ella, no me interesa. Prefiero tenerla en casa y enseñársela a quien quiera verla. Nunca he vivido de la venta de mis obras. No es que tenga el propósito de decir no vendo, mentira, cuando se presenta la circunstancia y me gusta el comprador, vendo y me quedo contentísimo.

PdV. ¿Y entonces de qué ha vivido?       

IVM. Siempre me he espabilado. Está claro que con esta visión del mercado del arte, no puedo comer de ello. Tengo que buscar otra cosa, y eso me ha permitido el lujo de decir que no vendo, porque tengo un trabajo absolutamente ajeno. He hecho muchas cosas, como rehabilitación de edificios, venta en el Rastro de Madrid… y he podido permitirme el lujo de decir a alguien que no le vendo porque no me gusta. No es verdad, lo de que nunca he vendido nada, he vendido siempre que las circunstancias me lo han aconsejado.

PdV. Esa actitud es también una manera de paliar la burbuja del arte.

IVM. Es que ahí entran muchísimas cosas que no tienen nada que ver con la creatividad. Muchas están prefabricadas. Es también una cuestión de moda.

PdV. Punto de Vista ha programado su película experimental La celosía, estrenada en los Encuentros de Pamplona de 1972. ¿Cuál era su intención en este proyecto?

IVM. Mi propósito era exactamente cumplir con lo decía el cartel: “la novela ha sido llevada al cine”. Sin añadir nada impuramente de imagen, sino cogerla y llevarla al cine. Como si te la llevaras en el bolsillo al cine. Se trataba de jugar con el concepto, con la idea.

PdV. ¿Qué recuerda de aquel momento?

IVM. En los Encuentros había una tensión muy grande. El control policial era bien visible. Había censura. La propia película pasó la censura. Sigo sin explicarme cómo aquello ocurrió, como llegó a tener lugar un trasfondo tan absolutamente crítico.

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