La otra cara de la tierra

En la isla francesa de Sein, donde todas las mujeres visten de negro, una joven sujeta entre sus manos una carta frente al mar. Los intertítulos nos cuentan que en esta remota isla, de apenas medio kilómetro cuadrado, el servicio de correos llega una vez por semana, siempre que el tiempo lo permita. La visita de esta pequeña embarcación, que entrega y recoge misivas, es todo un evento para los habitantes. La joven sonríe al ver la barca llegar y, disimuladamente, asegurándose de que nadie la vea, echa la carta al buzón. Leemos el nombre del destinatario: el señor Marie Antoine Cuyandre.

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Esta hermosa escena que recoge Mor’Vran, película de Jean Epstein enmarcada en su ciclo de poemas bretones, viene a ilustrar –seguramente con más belleza de la que merecemos–, la forma en la que a partir de ahora iremos comunicando desde aquí nuestras nuevas al mundo. En su novena edición, el Festival Punto de Vista posará su mirada en esos pequeños trozos de tierra que, por su inaccesibilidad, fueron y siguen siendo refugio para el misterio: las islas.

Si bien Epstein se preguntaba por qué razón estas personas decidían vivir “desde el nacimiento hasta la muerte en una isla”, el Festival rastreará los motivos que impulsaron a estos cineastas a filmar los tesoros que descubrieron en sus costas. La otra cara de la tierra, primer programa de los seis que componen este recorrido por 22 islas, nos conducirá de Francia a Irlanda, donde en 1934 Robert Flaherty rodó su largometraje Man of Aran. Transitaremos por tanto de la vanguardia hacia el realismo, unos años en los que la potencialidad crítica del documental por fin fue tenida en cuenta y se consolidó como forma fílmica.

Allá donde la ficción converge con esta imagen documental se encuentran las coordenadas de Punto de Vista, un certamen que también se ve a sí mismo como un islote, uno que vuelve a existir durante todo el año, lo suficientemente alejado del continente para dar cabida a lo primitivo y lo suficientemente cerca para acoger a todos aquellos visitantes que aprecien la “persuasión” de la imagen animada:

Conociendo las islas se descubre el misterio de estos hombres atados a una tierra compuesta únicamente de rocas, a un mar que solo es espuma blanca y a un oficio duro y peligroso, que solo obedece a un orden superior. Una irresistible fuerza de persuasión marca la imagen animada cuando esta posee el carácter de lo sincero. El acto de filmar un objeto que juega su propio papel en un drama, conlleva siempre un alto grado de convicción.

- Jean Epstein, “Les aproches de la verité”.

Comunicarse de semana en semana como aquella mujer hacía con el tal Antoine le permite a uno pensar y repensar qué le va a decir al otro. Puede que si la mar está picada la carta tarde un par de días más, o puede que surja algo importante y enviemos un telegrama. Lo que cuenta es que ya hemos zarpado. Ya estamos remando hacia ese 10 de febrero, hacia esa otra isla que aguarda a oscuras: la sala de cine.

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