En Partition, Diana Allan recupera metraje mudo de los archivos del Mandato Británico en Palestina —1917-1948— y les superpone grabaciones de audio de refugiados actuales en el Líbano. Las imágenes del archivo británico fueron producidas con un fin administrativo y militar: documentar la gestión colonial del territorio.
El título hace referencia, por un lado, al Plan de Partición de 1947 de la ONU con el que se dividió el Mandato Británico en dos zonas y dio pie a la Nakba —traducida como la «catástrofe» o el primer desplazamiento forzoso de palestinos—. Por otro, describe la propia película que parte o separa radicalmente la imagen del sonido. Lejos de intentar «dar voz» a la imagen para reconstruir una escena realista, Allan provoca un choque deliberado.
En este sentido, la mosca también puede ser una interferencia, el zumbido de la memoria oral que se posa sobre el celuloide, impidiendo que contemplemos la historia oficial con tranquilidad y recordándonos que las imágenes de control imperial siempre ofrecieron una representación de la realidad incompletas.
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En Foragers, de Jumana Manna, las moscas no son solo los insectos del campo, sino los drones y las patrullas que zumban constantemente sobre los recolectores. La película retrata la recolección tradicional de plantas silvestres como el akkoub y el za'atar en Palestina: una costumbre ancestral convertida en delito por las leyes de protección ecológica israelíes.
La obra de Manna hibrida la ficción y el documental para mostrar cómo la búsqueda de alimento se transforma en un juego del gato y el ratón, donde la burocracia intenta asfixiar la subsistencia de las comunidades palestinas legislando incluso la maleza de un país. Son precisamente esas plantas silvestres, que crecen de manera descontrolada e indiferente a las leyes israelíes, las que acaban revelando la violencia que ejercen las estructuras del Estado sobre aquella gente que busca, en los márgenes de la agricultura, un modo de vida.
Xavier Nueno