«el azul de la distancia»
maría hidalgo nieto
«el azul de la distancia» es el proceso mediante el cual se hace lugar a una herencia. Se trata, por un lado, de unas películas en súper-8 filmadas por el abuelo; por otro, del propio cine como medio recibido, con sus inercias, convenciones y mitologías. Acoger estas formas implica desplazarse: cambiar de posición, frenar el impulso narrativo, desenfocar la mirada, suspender la frontalidad. Irse a dormir y despertar aún conectada a la ensoñación.
El título remite a un texto de Rebecca Solnit sobre una belleza azul, nostálgica, vinculada al deseo insatisfecho o al deseo en marcha. Nombra el fenómeno atmosférico por el cual la luz azul se dispersa y las montañas lejanas se perciben etéreas, azules. La hora azul es también la del tiempo liminal que precede al amanecer y sucede al atardecer, cuando podrían cruzarse los animales nocturnos y los diurnos. Esa distancia de seguridad onírica es el lugar desde donde la artista reubica las imágenes heredadas: un espacio desenfocado, pausado, libre de certezas frontales.
De ahí surge la necesidad de elongar y suspender las imágenes, desalojarlas del tren cinematográfico de los 18 fotogramas por segundo para ofrecerles un tiempo expandido, un contacto con lo onírico. En la instalación, el metraje encuentra una estructura física construida con materiales familiares —varillas de tienda de campaña y otros elementos de acampada ya presentes en las filmaciones— que sugieren la forma de una casa por construir. Una arquitectura sencilla, en tensión y delicado equilibrio, capaz de alojar la materia poética del sueño, el cuerpo y las imágenes.
La pieza forma parte de una investigación más amplia en torno a la imagen y al lenguaje cinematográfico en el contexto del metraje heredado o acogido: un gesto de correspondencia y ofrenda que ensaya otras maneras de habitar el cine y de sostener una mitología familiar en transformación.
maría hidalgo nieto, artista destacada en los Encuentros de Arte Joven del Instituto Navarro de la Juventud