El cineasta Sergio Oksman escribe un relato junto a su hijo Nuno. Si en O futebol —2015— fue en busca de su padre a Brasil, ahora se desplaza a Portugal para compartir con el chico unas vacaciones, tiernas, hermosas, que tendrán un pie en la infancia y otro en la adolescencia. Eligen un sitio extraño para veranear, un hotel vetusto, polvoriento y vacío, aunque el espacio es perfecto para uno de los sueños del joven: dirigir un escalofriante film de miedo. Un lugar encerrado donde reverberan otros antiguos lugares conocidos: Una historia para los Modlin —2012—. No serán pocos los espectros que circularán por el metraje, desde viejas amistades hasta asesinos en serie. Esta inusual propuesta vacacional permitirá al cineasta deambular por los archivos cinematográficos de sus abuelos, por su separación o por los caminos futuros de Nuno enfrascados en el presente en recrear clichés del cine de terror. Una película de miedo construye un ingenioso dispositivo que despliega y compara las ramificaciones de los recorridos vitales, hojas de diarios fantasmagóricos, con los siguientes folios todavía en blanco.
Miquel Martí Freixas